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Mostrando entradas de febrero 3, 2013
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DOÑA ROSA
-Dile a tu madre que te ponga sostén, que se te están separando los pechos y se te mueven mucho al andar.             Es doña Rosa, la madre de mi mejor amiga del bachillerato. Dice esto mientras me palpa las tetas. Examina las dos pequeñas protuberancias como quien toca los tomates en la verdulería, por ver si están ya maduros para la ensalada. Y a mí me sube el calor a la cara y deseo estar fuera de su alcance. La odio con toda la pasión de mis doce años. Ella tampoco me tiene simpatía. Asegura que soy “Antoñita la Fantástica”, aunque yo no me llame Antonia. Y en su voz hay un tono de desprecio cuando lo dice. Su hija nunca ha sabido inventar cuentos.
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EL UNICORNIO
            Me despierta la luz anaranjada del amanecer. Los dos soles, el rojo por el oeste y el dorado por el este, se elevan lentamente, coinciden en el centro del cielo y unen sus rayos para saludarme. Me levanto y sacudo mis crines. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? En mi mente no hay recuerdos anteriores, por eso supongo que una eternidad, pero mis músculos siguen fuertes y elásticos, como si mi existencia atravesase centurias y no conociera la muerte. Tengo sed y bajo despacio al río de miel. Antes galopaba de aquí para allá a través de los campos azules, teniendo cuidado de no aplastar las flores con mis pezuñas de plata. Algunas veces llegaba hasta las montañas blancas, donde los soles acarician la nieve con cuidado para no derretirla. Vivo en un sitio hermoso, donde hay alimento, no existen las luchas ni más estación que la primavera.             Hace varias eras conocí a un ser llamado Mujer. Me dijo que en el lugar que ella había abandonado había lágrimas y muerte. Sa…
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LA ELECCIÓN
-¿Por qué me mira así? -No toque ese texto. No puede cambiar el argumento de la obra. Ella vuelve a consultar la sinopsis general y la descripción de su personaje y luego mira la larga fila de intérpretes que se dirige al escenario. Se enfrenta de nuevo al director: -Entonces prefiero no actuar. -Lleva mucho tiempo esperando. -Tiempo es lo que me sobra. Los actores se alejan. Cuando la puerta se cierre tras ellos, quizá tarde en aparecer otra oportunidad. Pero ella no va a entrar sin estar de acuerdo con la función que va a representar. Sabe de sobra - por propia experiencia - que esta vez es imprescindible que elija su vida.
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TIERNOS OJOS


Tiernos ojos heridos por el hierro de escarabajos ávidos de sangre. Tiernos ojos, ahítos de terrores, ahogada la inocencia por el miedo.
Preguntas sin respuesta en sus pupilas dilatadas por rojos resplandores. Para cada estallido un parpadeo, un grito de dolor, una imagen de muerte detenida en el fondo de límpidas miradas.
Tiernos ojos de niños, de niños de mil guerras, soñando con volver al útero materno para huir del demonio impenitente del odio y abandonar la negra compañía de la sombría muerte.
Tiernos ojos que no idearon juegos, ni siguieron el vuelo de una mosca, ni contemplaron el cauce del arroyo. Tiernos ojos resecos y asombrados,
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EL CINE ESPAÑOL

El cine español de los años 50 y 60 me devuelve a una época infantil, embellecida por el paso del tiempo. La primera imagen que me viene a la mente son aquellas tardes de los jueves, tarde de vacación escolar, en los que asistía a un cine del barrio con mi abuela. Vestida de negro de pies a cabeza, viudez permanente y desesperanzada de las mujeres de la época, cargaba con nietos y allegados, que ocupaban con su paciente cuidadora toda una fila de butacas. A partir de las tres o tres y media de la tarde veíamos una y otra vez las dos películas que ofrecía el programa, hasta que la abuela ordenaba la vuelta a casa que obedecíamos a regañadientes. De la mitad del cine para adelante – recomendaba la mujer al acomodarnos. Y aunque todavía éramos pequeños, sabíamos que la oscuridad de las últimas filas, las de los mancos, estaba reservada para los novios; sorprendente permisividad de la dictadura, que sin embargo vigilaba cualquier demostración amorosa en la calle. Lo más pro…
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Anagrama para mi amado Cortazar








CORTARÉ RAYA AZUL


            Los bordes del libro estaban doblados y amarillentos y por sus márgenes desfilaban a lápiz diminutas palabras, como hormigas en busca de alimento. Del tipo de: “Cuando mi vida acabe, ¿acabará también ese algo que me vive?” En fin, pura mística. ¿Cuántas veces habría leído la novela? Le gustaba sentirse la Maga y hasta enamorarse algunos días de Oliveira. Elaboraba historias imposibles en su mente y las vertía luego en su diario como si fueran tan reales como la existencia. No, mucho más reales. Su existencia era evanescente como el sueño.             “Cortaré el horizonte con mis manos, la raya azul que une el mar y el cielo. Y miraré allí dentro, bien adentro”.             Era la última anotación del diario de Lena. La titulaba: Cortaré Raya Azul. Extraño título. Fecha: 12 de noviembre. El 13 de noviembre entró en el mar, se alejó caminando por entre las olas y no volvió nunca.   Yo me llevé su libro de Rayuela. Al fin y al c…