Entradas

Mostrando entradas de febrero 24, 2013
Imagen
SIN PATRIA
No he tenido más patria ni bandera que la que hacen los míos. ¿Que quiénes son los míos?                   Un gentío agolpado ante las puertas de pueblos coronados de oropeles, ciegos ante el horror y la miseria.
Los míos son ese niño tan triste que esnifa pegamento en una esquina, esa muchacha impúber que se ofrece semidesnuda en una noche fría, ese soldado destripado, inmóvil, abatido por balas asesinas, los hambrientos, los que huyen, los que no saben pronunciar mentiras.
Y mi patria es el mundo. Un mundo envenenado y casi yerto, la pobre tierra que llora su exterminio, deshaciéndose al ritmo del progreso.
Imagen
MARIO BENEDETTI





Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz 
aunque no tenga permiso


si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos. 

Imagen
EL PADRE

La medium coge sus manos y ella cierra los ojos. No cree en videncias ni aparecidos, pero su amiga ha insistido tanto. Su amiga tenía una tienda de antigüedades y, una vez cerrada, ha reunido en aquella habitación lo que nunca pudo vender. Abundan las pilas de agua bendita de todas las épocas y estilos. De cerámica con pequeños ángeles azules y vírgenes blancas, o de plata con crucifijos abollados. Hay una enorme de mármol con extraños símbolos y otra sorprendente con un hombrecillo tocado por un gorro frigio, aunque es posible que sea una tosca aureola. También hay albarelos de farmacia, figuras de bronce, casi todas femeninas, y bibelots de dudoso gusto. A ella no le extraña que nadie comprara aquellas cosas. Se le antoja un cementerio de objetos inservibles.

           Las dos mujeres están sentadas ante una mesa camilla con faldas estampadas de flores, en medio de la caótica almoneda. Apenas iluminadas por el sol moribundo de la tarde, que se filtra a través de una estrecha…
Imagen
ALICIA La verdad es que Alicia jamás había salido de las páginas del libro pero, cuando su hermana la llamó, se le ocurrió dar una vuelta por la portada antes de ir a tomar el té. Ahí se encontró con un tal Lewis Carrol, que en realidad se llamaba Charles. Era un joven, con melena y pajarita, bastante amable que la saludó como si la conociera de toda la vida.
             -Soy el autor - se presentó él.
            -No me gusta el capítulo de El mar de lágrimas - contestó Alicia, torciendo el gesto -. ¿No puedes cambiarlo?
            -Es que el libro no me pertenece ya. Está en la mente de todos los lectores. Han hecho hasta películas con la historia. No serviría de nada cambiarlo - hizo una pausa y preguntó muy sonriente -. ¿Qué es lo que no te gusta?
            -Eso de estirarme y estirarme. Y no ser capaz de recordar las palabras ni los poemas es una lata. Me has hecho llorar mucho.
            -Pero si tu llanto no hubiese creado el Mar de Lágrimas no habría historia. ¿Preferirías eso…