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Mostrando entradas de abril 21, 2013
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¡DESPERTAD!


Cuando nos quejamos de la época que nos ha tocado vivir, olvidamos que la marcha del mundo la realizamos en nosotros mismos y en la relación que mantenemos con lo que nos rodea. Cualquier guerra es nuestra propia guerra interior. Y si no firmamos la paz en nuestra mente, no hay posible armisticio. Los atropellos que cometen unos seres contra otros y el divorcio del hombre con lo que le rodea han dado como resultado la destrucción del planeta y genocidios e injusticias sin cuento. En este momento la humanidad vive una espiral de violencia; la naturaleza misma se defiende de las agresiones a la que la sometemos con desastres, tsunamis y terremotos. 

En el mal llamado primer mundo, los derechos, que con tantas dificultades conseguimos en nuestra historia reciente, son arrebatados a golpe de decreto por espurias e incomprensibles razones. Y en el resto del planeta el individuo es pisoteado y humillado, porque para el poder ni siquiera existe. Vivimos en directo y a diario abusos…
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CRUELDAD
Es una crueldad en jaulas encerrar la libertad.
Cortar las alas del ser que en su aventura llegar podría al cielo, dinamitar el pensamiento a golpes de la criatura que va a despegar, es una crueldad.
Es una crueldad cegar los ojos del invidente que pretende ver, poner mordaza al grito, veto a la risa, o maniatar la mano que comparte el pan.
Es una crueldad asfixiar ilusiones y acotar los caminos, enumerar las almas, uniformar las mentes y envenenar el aire de insolidaridad.
                     Es cruel el vano intento de los hombres    de ocultar a los otros la verdad.           
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EL MIEDO
            A los siete años ella tenía un enemigo irreconciliable: el miedo. Jamás le había visto la cara, pero se sentía cercada por sus múltiples piernas, a punto de ser aplastada por sus pies enormes. Tal vez la razón de esa óptica es que él era mucho más alto. Sin embargo, aunque hubiese conseguido crecer tanto, el miedo era más joven. Había nacido hacía tres años, al llegar su hermano al mundo, justo cuando a ella se la expulsó de la habitación de sus padres para dormir en un cuarto solitario donde, además del miedo, había hecho su aparición el insomnio. En el invierno temía ser atacada desde el armario entreabierto y, cuando el calor apretaba, el miedo jugaba a crear sombras amenazantes con los visillos de la ventana. Entonces ella cerraba los ojos y se ocultaba bajo las sábanas, pero era un débil refugio para enemigo tan poderoso. Algunas veces le oía hablar, o más bien gritar con muchas voces a la vez, lo que convertía su discurso en un galimatías ininteligible.
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IN MEMORIAM

     Te fuiste tan deprisa, que no me dio ni tiempo de decirte un adiós. Ni tiempo de besarte, ni tiempo de entregarte un pequeño recuerdo para reconocerte, para poder hallarte entre los que se fueron y perdieron su rostro, para recuperarte, para desanudarte la pesada mordaza que supone el olvido. Y volver a tenerte, y volver a estrecharte, volver a hablar contigo con los ojos del alma sin precisar palabras.
     Te fuiste tan deprisa, que parece mentira que ya no estés aquí, que no estés escondida en un simple destello, disfrazada de encina, u oculta entre la niebla del nuevo amanecer. Desmigada en las cosas, disuelta en los sonidos, brillando en la pupila de algún niño o en el pujante brote de los bulbos en flor.

    Te fuiste tan deprisa, tan rauda fue tu huida, que empiezo a sospechar que fingiste tu marcha para poder quedarte, para así entronizarte, para perpetuarte viva en nuestro interior.