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Mostrando entradas de mayo 26, 2013
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LA POESÍA


Desconozco lo que es la poesía, por siempre inesperada y huidiza. Puede estar escondida en un te quiero o en los ojos ausentes de una luna de invierno.
Yo la sentí en un beso fortuito y delicado que, directo a la esencia, inauguraba vidas, y en el compás calmado de alucinantes gaitas, flotando entre las olas de algún mar inventado.
La sentí en unos ojos de mirar torturante y en un rostro soñado durante largas noches, y en manos temblorosas y surcadas de venas, en actitud de ofrenda.
Sentí la poesía en el vórtice mismo de la luz que agoniza, y en oníricos mundos que, en bruscos parpadeos, me invitaban joviales y en un quiebro me huían.
Desconozco lo que es la poesía, pero es arte pretérito, 
sumergido en los tiempos. Se oculta en un suspiro y en el íntimo hogar de un Dios escurridizo.
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EN TU CUARTO
Una tarde en tu cuarto. Una tarde de Mayo y a tu abrigo. Una tarde con Bach, con el cielo por techo, con tu ausencia como amigo entrañable. Tu aliento me acompaña, tus sueños son los míos, en la pared quedaron adheridos.
Estás siempre tan cerca. Tan lejos y tan cerca. Palpitas en mis sienes, das color a mi vida, me llevas de la mano hasta tu mundo, donde nace el amor en un grano de trigo, luminosa matriz de millones de formas, ensueño inacabable de vigilias, pentagrama armonioso de mil notas, torrente desbordado de delicias.
Y en tu gruta una noche de Junio, tu alma disolviéndose en la mía, errante mi mirada, se pierde en esos ojos oscuros, penetrantes de tu fotografía.
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Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida.
Con tres heridas viene: la de la vida, la del amor, la de la muerte.
Con tres heridas yo: la de la vida, la de la muerte, la del amor.
Miguel Hernández.
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EL TREN


Viajo en un furgón sin billete de vuelta como alma peregrina. No veo el exterior, me lo impiden los rostros reflejados en el vaho nostálgico de las ventanillas. Rostros sabios, afines, venerados, imbuidos de la serenidad que proporciona desvelar los secretos del trayecto.
Hace tiempo que vi desiertos calcinados por absurdos errores, pero también me hundí en algarabías y caminé por vagones ajenos, en una soledad desguarnecida, viendo escapar el agua entre mis dedos.
En feliz coyuntura trastorné voluntades o me quedé prendida de pupilas erráticas. Y me embrujó la luna, rozándome los labios con su escarcha. Huyo de la añoranza y de las instantáneas disgregadas por el efímero mapa de mis células. Nunca he buscado aplausos ni apretones de manos, y con mucha frecuencia he cambiado el long play que conduce mi danza.
Hoy me acompaña un blues de inasequible olvido, que repite te quiero al ritmo de las ruedas con un alegre eco de voces infantiles. No espero ni acumulo honores ni equipaje. Confieso que he vivido,…