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Mostrando entradas de septiembre 8, 2013
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LO INADMISIBLE DEL MISTERIO




           Cuando Marie y Juan se conocieron ambos tenían catorce años. Eran primos hermanos, y él se enamoró de ella con todo el dramatismo de la adolescencia. Marie era menuda, con unos ojos almendrados y rasgos delicados que recordaban vagamente a una actriz que él adoraba: Audrey Hepburn. Además, ella venía de París, ciudad que en la década de los sesenta tenía para muchos españoles - no sólo para los jóvenes - el encanto de algo ansiado y desconocido: la libertad.               Juan guardó secretamente una foto de su prima en un libro de poemas que leía a escondidas por la noche. Marie no tardó en echar en falta la foto y la madre de Juan, Dolores, dijo que se la había llevado Pepito, un vecino tímido y enfermizo que miraba a la francesita con ojos de cordero degollado. Ni corta ni perezosa, la madre de Juan acusó a Pepito del robo. De nada sirvieron las protestas de inocencia del susodicho ni de Valeria, su madre, pues todos estaban convencidos de que e…
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EL METRO


Hay amores de diseño minúsculo, inmersos en un simple parpadeo, que apenas vislumbrados se encierran en la caja del olvido.
Pero el olvido nunca es concluyente y decides buscar por los andenes el resplandor de una simple mirada que por un titubeo se extravió entre los bancos del metropolitano.

Y te preguntas de qué sirve el tropiezo,
en medio de un vagón abarrotado, de esos ojos erráticos que aciertan a hundirse en tus pupilas por un segundo que parece eterno.
Y se aleja el destino por las vías, negando desatento la esperanza de futuros encuentros, y se quedan flotando a lo largo del túnel un aroma de acasos y quién sabe.
Es un destino torpe, chapucero,
el que a veces enciende la esperanza.
Un azar pluriempleado que atiende a mini jobs sin completarlos
y que ha bajado al metro
para llegar más rápido al siguiente trabajo.