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Mostrando entradas de septiembre 15, 2013
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EL TIEMPO


El péndulo del tiempo cayó herido de muerte y enmudecieron los altos campanarios. Las aguas de los ríos contemplaron absortas las orillas y los copos de nieve quedaron detenidos en el aire.
El sol no persiguió a la luna alrededor del mundo porque olvidó cual era su camino, la luz y las tinieblas faltaron a su cita y los enamorados quedaron en suspenso a la espera de un beso, pues un te quiero enmudeció en sus labios.
No supieron despertar los durmientes y los insomnes contemplaron un rebaño de ovejas. El escritor suspendió su relato de un suicidio con la protagonista colgada de un alfeizar, y una nana calló en su nota más tierna.
La esperanza enojada reparó la hecatombe y la luz y la sombras se alternaron de nuevo y otra vez los pequeños jugaron con la nieve y los besos volvieron a sellar juramentos.
Y a mi alma retornó la ilusión de encontrarte aunque el momento ansiado esté fuera del tiempo.




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EL ERROR DE ARQUÍMEDES




          La pequeña Masha, sumergida a media tarde en la bañera, con jabón y patitos de colores, desaloja una cantidad de agua por el suelo del cuarto de baño muy superior al volumen de su cuerpo pequeño.
Fernando León de Aranoa de su libro Aquí yacen dragones.
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EL PRIMER MUNDO
Llegamos a El Paso, Texas, de madrugada, después de múltiples escalas de avión y de comidas de plástico. Buscamos un lugar donde cenar algo y encontramos un pequeño local en donde apenas había clientes: algunos hombres en las mesas y cuatro o cinco mujeres diminutas y muy pintadas, todas mexicanas, en la barra. En el centro del establecimiento se alzaba una tarima bajo una iluminada esfera de pequeños cristales, que giraba sobre sí misma. Un camarero flaco y verdoso se acercó a nosotros. Nos miraba con desconfianza y a la petición de cenar nos contestó que solo podía servirnos bebida y quizá unos frutos secos. Consumimos resignadamente unos refrescos mientras una mujer delgada, de edad indefinida, se subía al estrado. Tenía una larga melena oscura y llevaba un sucinto top sobre unas mallas negras de látex, que marcaban los huesos de sus caderas y un trasero aplastado. El camarero manipuló una grabadora y la voz susurrante de Madonna comenzó a cantar Justify My Love. Lo…