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25 de octubre de 2013

PRÓLOGO DE NOVELA



            No sé qué hacer, porque me sigue a todas partes. Cuando paseo al perro, cuando leo un libro, cuando cocino, incluso cuando trato de coger el sueño, cansada de las idas y venidas del día. Se llama Babel. Es un nombre raro, lo sé, pero en realidad fui yo quien la bauticé, poniendo de manifiesto, quizá, mi propia confusión y también porque ella me ha asegurado que quiere ocultar su verdadera identidad: lleva mucho tiempo huyendo de su pasado.
           Tiene casi setenta años y es una anciana atractiva, aunque no se acicale ni vista ropa de marca, es más bien descuidada en su atuendo. Unos viejos vaqueros y un jersey amplio cubren un cuerpo tal vez excesivamente delgado, ágil todavía. Nunca se ha teñido, su cabello es gris, rizoso, y constituye el marco ideal para su cutis claro y unos ojos azul metálico. Ha sido una mujer hermosa. La frente amplia, los labios carnosos y un óvalo perfecto guardan el recuerdo de un rostro clásico y atrayente, a pesar de las arrugas de su cuello y de las comisuras de su boca que, como flechas, señalan hacia abajo. Pero no sé por qué me molesto en describirla, puesto que soy yo quien la ha creado. La he hecho orgullosa de sí misma y de su actitud ante la vida, a pesar de los dolorosos acontecimientos que padeció en España a finales de los años sesenta y que la hicieron trasladarse a París. Ha conseguido tener la mejor tienda de antigüedades de la ciudad de la luz en Montmatre. Es respetada y admirada por muchos, sobre todo por Adele, la persona que la ha ayudado en todo y  comparte su vida.
            Un día descubre una noticia en el periódico, encabezada por la fotografía de una joven recientemente desaparecida. La muchacha es americana, hija de una conocida actriz, y Babel contempla con sorpresa que es su vivo retrato de hace cincuenta años. Compara esa imagen con fotos de cuando ella era joven y comprueba que ambas parecen la misma persona. La lectura de la noticia rompe la paz que Babel creía haber conseguido por fin.
            La verdad es que yo había abandonado esta historia y ahora ella quiere que la continúe. Se embarca en interminables monólogos, animándome a ello a cualquier hora del día o de la noche. Esta mañana, al despertarme, la he descubierto sentada a los pies de mi cama.
            -¿Qué haces aquí?- le he preguntado pacientemente- Vives en París.
            -No - me contesta ella con cierta altanería-. Vivo en tu mente.
            Y así ha empezado todo.




22 de octubre de 2013


FRAGMENTO DE "ANJALI"
(CUENTOS DEL OTRO LADO)





    Los problemas de Anjali comenzaron cuando su padre no pudo completar el pago de su dote. Tiene otras dos hermanas y casar a tres hijas es una tarea casi imposible para una familia india de escasos recursos. Apenas fue satisfecha la mitad de la cantidad acordada con Mukesh, y a partir de aquel momento, la joven se vio envuelta en un torbellino de humillaciones y golpes. Desde entonces intenta pasar desapercibida, obedece las órdenes que le dan sin rechistar y complace en todo a Mukesh, aunque sea una tarea difícil sonreír con naturalidad frente a sus continuos desprecios. Lo conoció una semana antes de la boda y desde el primer momento se sintió cohibida por su voz ronca, su mirada inquisitiva y ese corpachón de gigante que la hace sentir insignificante. Jamás ha recibido una frase amable ni una caricia de su marido. La primera noche le arrancó la ropa sin decir una palabra, se echó sobre ella y la partió en dos, sofocándola con broncos gemidos. Luego le dio la espalda y se hundió en un pesado sueño. Y Anjali estuvo llorando durante largo rato, muy quedo para no despertarle, preguntándose por qué se sentía tan triste.


   Las manos de la muchacha acarician maquinalmente las hojas de té antes de echarlas al canasto. Después escoge otras a toda velocidad. Recuerda a su amiga Uma y sus ojos se llenan de lágrimas. La ve frente a ella con aquel andar pausado, la hermosa figura, apenas desdibujada por el sari, el rostro perfecto y la sonrisa generosa. Era un ángel, se dice Anjali por lo bajo. Y ocurrió la tragedia. Tampoco el padre de Uma pudo completar su dote y una mañana salió envuelta en llamas de la casa y murió en el patio. Delante de todos. Sin que nadie la auxiliase. Su marido y su suegra dijeron a la policía que se le había incendiado el sari mientras cocinaba. Aseguraron que era una mujer muy descuidada. Pero Anjali sabe que no es así, que la rociaron con gasolina y le prendieron fuego para que Sudhir, su marido, pudiera buscar otra mujer en una familia más acomodada.


   Anjali tiene miedo. Ella puede correr la misma suerte que Uma, aunque en la actualidad atraviese un momento de relativa calma a la espera de que nazca su hijo… o hija. Un violento escalofrío recorre el cuerpo de la joven, a pesar de que el sol, ya en lo alto del cielo, ha hecho subir la temperatura varios grados. No quiere ni pensar en la posibilidad de que sea una niña, y sin embargo la idea se abre camino en su cerebro continuamente, dejando a un lado consideraciones y razonamientos. Ha soñado varias veces con una pequeña de ojos oscuros, que le pide ayuda en lo más profundo de una gruta.

EL ESPEJO Me llevé el espejo de la abuela porque allí descubrí mis pechos expectantes ante el anuncio de la primavera. Dent...