Entradas

Mostrando entradas de 2014
Imagen
DIAS DE CENIZA


Madrid 1912
I

            -Valiente idiota, mira que no querer ir a La Bombilla. -He estado pelando patatas. Tengo las manos muy ásperas. -Lo que hay que oír. La señorita del pan pringao. Como si fueras a encontrar en la quermés a un pollo con dinero. Allí va gente de alpargatas. Como tú y como yo. ¿No eres hija de un jornalero? ¡Pues eso! Da igual que le eches alfileres al Santo cada año. El Santo no proporciona un buen partido. Si acaso un albañil con mono y apestando a sudor. Si ya lo dice madre. Que no puede ser bueno leer todo el tiempo esas novelas de amores. Ahí las modistillas se casan con señoritos. Pero claro, eso solo pasa en los libros que escribe ese “Caballero Audaz”. Que además no cuenta más que cochinadas. Sí, ya sé que yo no he leído nada de eso porque no sé leer. ¡Ni falta que me hace! Anda que si padre se entera… Menos mal que está en el pueblo. Te iba a dar un buen soplamocos. Lo que pasa es que me tienes envidia. Al fin y al cabo yo tengo al Toño.       …
Imagen
SE CUMPLE EL TIEMPO



Se cumple el tiempo, un factor fugitivo, inaccesible, y por dentro la vida está parada en un instante eterno.
Se cumple el tiempo y todo se amontona en el recuerdo. Aquellos tantum ergo y los airados ecos de protestas,  los delirios, las risas, los asombros, los llantos sin consuelo. Mil y una situaciones desde mi nacimiento.
Se cumple el tiempo y quedo confundida al percibir un totum revolutum sin orden ni concierto. Desde el beso primero en un paseo hasta aquel de tu adiós ilusionado porque ibas a su encuentro.
Se cumple el tiempo.  ¿Acaso lo he vivido? ¿Poseo una verdad, un espacio objetivo, o es tan sólo un engaño lo que veo?
Se cumple el tiempo y antes de disolverme como estela  en el agua, mantengo soliloquios de esos que borra el viento.

Imagen
LA UTOPÍA



           Me ha salido al encuentro la Utopía  ataviada con sus mejores galas.  Ha sido harto difícil conversar con ella,  tiene muchas lagunas respecto a la semántica.  No sabe hablar de hambre ni injusticias, no entiende esas palabras.  Desconoce lo que es la polución  y cree que es obligado hablar con el vecino  mirándole a los ojos.  Le he hablado de la guerra  y me contesta que es cosa superada,  hundida entre las brumas de un pasado obsoleto. Me dice que las puertas deben estar abiertas,  que sólo hay que cerrarlas  a los que ponen precio a la sonrisa.  Me asegura que no son necesarias las maletas,  que besos y caricias no ocupan mucho sitio,  que no hay que tener miedo del futuro  ni del frío en invierno,  que el agua se desborda de las fuentes  y que la gasolina es el nombre que han dado a las tinieblas.
Imagen
(Relato incluido en CUENTOS DEL OTRO LADO)

EL VAGABUNDO




-¿No es usted Andrés García? La voz masculina le sacó del sopor y le hizo incorporarse en los cartones que constituían su lecho cotidiano para fijar los ojos en quien le preguntaba. Movió la cabeza en una negativa reiterada y el otro, sin advertir el terror de sus ojos, balbuceó: “Perdone, se parece usted a alguien a quien no veo hace mucho tiempo”. Lo vio alejarse, volviéndose de vez en cuando hacia su persona con un gesto de estupor y, sólo al comprobar que desaparecía entre la gente, se puso en pie para correr en dirección contraria. Sí, claro que era Andrés García, y conocía al que le había abordado. Había estado empleado en su empresa de sonido, pero de eso hacía ya muchos años. No podía recordar su nombre y tampoco era algo que le inquietara demasiado. Lo sorprendente era que pudieran reconocerle aún. Y para corroborar su extrañeza, el cristal de un escaparate le devolvió la imagen de un tipo desastrado, con pinta de borrachín …
Imagen
GRITAN MI NOMBRE


Gritan mi nombre a veces espíritus ocultos en la naturaleza. Juegan a enmascararse en el travieso trino de algún pájaro o me hacen cucamonas desde multicolores arco iris.
A veces me acarician con los labios del aire, y revuelve mi pelo su caricia nostálgica. Hay noches que susurran cantos de melancólicas sirenas. Ven con nosotros, dicen, igual que le cantaban a Odiseo.
A todos los conozco, aunque se me extravíe su rostro en la memoria, aunque en fotos antiguas se esfume amarillento su recuerdo. Caminan a mi lado, agrupados, solícitos, o aguardan al final de mi viaje.
Forman parte de mí, de mi sangre y mis células, de la fibra neural de mi cerebro e inevitablemente han gestado mi historia.

Imagen
ME GESTARON REBELDE



Me gestaron rebelde
como esas margaritas que crecen entre cactus, como la luna llena que brilla entre las nubes que amenazan tormenta, como los labios dulces que roban unos besos que nunca serán suyos.
Me gestaron rebelde, se saltaron las leyes de antiguos patriarcas. Pusieron en mis venas un germen de justicia roja como la sangre, e inevitablemente me incliné por aquellos caídos en el barro del olvido.
Me gestaron rebelde porque no había hueco en la obediencia, no había más que un gen de desacato y ojos que divisaban la miseria.
Me gestaron rebelde y separé del oro la ceniza de los infortunados que abrasó la codicia. No tengo ningún mérito, así es cómo crecí en el vientre materno.
Boga contra corriente y remonta las olas
mi barca quebradiza. Las protestas se agolpan en mi boca
Imagen
AQUELLOS NIÑOS VESTIDOS DE LIMOSNAS
Recuerdo a aquellos niños vestidos de limosnas, recorriendo descalzos el barro maloliente de las calles. Una vieja chaqueta, ajustada con cuerdas, cubría a duras penas en diciembre sus miembros ateridos.
Niñas uniformadas pulcramente acudían a darles inútiles viandas: Medio litro de aceite, un kilo de garbanzos, un poco de tocino duro como el cemento.
Y las madres besaban las manos de las monjas, repitiendo mil gracias, y los niños vestidos de limosnas las miraban muy serios a lo lejos como a seres venidos de otros mundos turbios y amenazantes.
Era por Nochebuena, dádiva puntual y degradante. Dios nace para todos, decían las monjitas y los niños vestidos de limosnas rehuían caricias y llamadas.
Pero Dios no nacía para todos, pues los niños vestidos de limosnas no veían la luz desde chozas inmundas, pavimentadas de penuria y de hambre.
Hoy, niños como aquéllos computan el total de los tantos por ciento de los abandonados de justicia y fortuna. Para la gente de orden son tan…
Imagen
EL CAMINO


Sus diminutos pies medían paso a paso el camino más largo. En sus ojos la infinita esperanza de un futuro, en sus manos un cabás de cartón con dibujos de flores. Soñaba con un gato gigantesco de sangrantes pezuñas y dientes desmedidos, que tragaba deseos. Mas al llegar el día volvía la promesa de aventuras sin cuento y recorría la senda esperando encontrar a algún hada benéfica.
Han pasado los años y sigue en el camino cubierto por la alfombra dorada del otoño. En el viejo cabás se apiñan las historias: risas, besos y lágrimas, ensueños, despedidas, tragicomedias quizá sobreactuadas y relatos de amor sin perdices al término.
No aparecen las hadas y han huido los gatos, que en tramos del trayecto

trasegaron deseos. La niña la conduce, aferrada a su mano. Mantiene la sorpresa en sus párvulos ojos 

y le muestra la rosa de los vientos